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jueves, 30 de abril de 2009

Dichoso despertador

Otra vez tarde. Dichoso despertador. Llegaba tarde a una entrevista de trabajo y, para colmo, llovía.
Cogí el paraguas y salí de mi casa enseguida. Treinta minutos andando bajo la lluvia y llegaría. Me percaté de que el paraguas no era tan buen invento pues iba empapada. Caminaba entre un montón de gente que iba y venia a mi alrededor, pero a pesar de la multitud, una prima hermana de mi madra, de esas a las que nadie conoce, me encontró, se acercó a mí y me dió dos besos.
-¡Qué grande estás!- decía mientras me pellizcaba fuertemente la mejilla- La última vez que te ví eras una niña. ¡Cuánto tiempo! Se pasan los días y las horas como el viento, mira el otro dia estaba hablando con "la" Conchi, no sé si la conocerás, es una vecina mía ¿sabes?, que su hija se casó con Pepe, el hijo del carnicero de tu pueblo, pues eso, que estabamos tomando café, y dijo "la" Conchi que su hija había tenido una urticarias por todo el cuerpo, y fue al médico, pero a uno de pago pues menudo es "la" Conchi y su hija , cómo para ir a la sanidad pública,...
Yo, mientras la escudriñaba de arriba a abajo, iba vestida como la típica marujona de esas que siempre están mirando por la mirilla para ver quién pasa por su descansillo.
-Y, yo les dije que no iban a ser felices en su matrimonio, porque él seguro que pegaba a "la" Petri, su mujer, ella con lo apañada que es y que se haya casado con ese, ese desgraciado, porque eso es lo que es, cuando podía haber llevado una vida, pero yo no quiero decir nada y que esto no salga de aquí, que luego una es la mala,...
Me miraba al reloj constantemente y mi entrevista tan sólo estaba a dos manzanas. Mis piernas y mis dedos había adquirido un cierto tic nervioso que reflejaba mi impaciencia. Y ella, seguía hablando con meliflua cadencia como si fuera un político dirijiendose a sus huestes. Sin prisa. Yo no quería interrumpirla, pues era de mala educación, pero los nervios se iban apoderando de mí y pronto explotaría como si fuera una pelota que se va hinchando poco a poco hasta no poder más.
-Todavía no te he hablado del vecino del suegro de mi hija, porque mi hija se casó y felizmente casada que está, no como otras, que no hacen nada más que hablar, porque mi hija ahora es una señora como las de toda la vida, su marido trabajando y ella haciendo su casa,...
Seguía escudriñandola y me imaginaba que mis manos cogían su cabeza y la empujaba contra el cristar, cogía mi reloj y lo metía en su boca, pero cuando mi mente despertó, ella seguía hablando pacientemente.
-Miré-empecé a decirle- es que yo...
-Sí, si lo sé, hermosa, no hace falta que digas nada, sé lo que piensas y estoy de acuerdo contigo, mi padre no tenía que haber ido jamás al bingo, pero él se empeñaba en ir, y le dejé, pero bueno como decía mi madre que en paz descanse: "favor bien hecho, bien hecho a nuestro favor" o algo así...
Yo tenía la sensacion de que si me iba, ella no iba a notar mi ausencia y seguiría hablando cual loco a su amigo invisible, así que eso hice, me marché sin decir nada, pues ya llegaba una hora tarde. Me perdí entre el gentío que inundaba las aceras y tan sólo oí de fondo algunas palabras malsonantes y un "ya veras cuando le diga a 'la' Loli lo maleducada que eres", pero no me importó.
Cuando llegué al lugar de la entrevista, me dijeron que ya habían encontrado otro candidato para el puesto, así que volví a casa bajo la lluvia y pensé que debería ir a comparme un despertador nuevo.
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